Ahora es el turno de Pedro Garcia Pilan (Universidad de Valencia) y su contribución “El Open Course Ware de la Universidad de Valencia” presentado en nuestro Encuentro University 2.0
Pedro, ¿Cómo te describirías en lo profesional?
En la actualidad trabajo como técnico de innovación educativa en la Universitat de València. En la misma universidad había trabajado antes en el Programa TIC, que estaba vinculado de manera explícita a un ámbito más restringido, como son las nuevas tecnologías aplicadas a la enseñanza universitaria; la verdad es que estoy más cómodo con mi actual posición, pues es evidente que se puede hacer innovación educativa sin incorporar nuevas tecnologías. Además, aunque resulte políticamente incorrecto, me gustaría decir que la innovación no tiene por qué ser siempre y de manera automática beneficiosa (como le dije una vez a un profesor de mi universidad, bajarlo a él de la tarima para poner a un cabo chusquero sería un innovación, pero una innovación equivocada, dicho sea con todo el respeto). En todo caso, es evidente que las nuevas tecnologías obligan a repensar la educación, pero sin perder de vista nunca que la reflexión debe hacerse desde las necesidades de ésta, no desde las posibilidades tecnológicas que oferta el mercado.
¿Cual debe ser la visión de la Universidad 2.0?
La propia denominación “Universidad 2.0” es sintomática del momento en que nos hallamos: el objetivo de la universidad debería ser aprovechar las posibilidades de las herramientas 2.0 hasta incorporarlas de tal manera que esta denominación pierda sentido. Me explico: ¿a qué no hablamos de “universidad del ordenador”, ni se habló nunca de “universidad del códice”? Esto es porque el ordenador, como el libro, fueron y son herramientas completamente socializadas, incorporadas de tal manera que su uso se da por supuesto, sin necesidad de reflexionar sobre él. Este es el objetivo que debería asumir la universidad (yo diría que la enseñanza en general): incorporar el uso de la tecnología de manera tan profunda que ésta se dé por supuesta, se haga invisible. Evidentemente, para ello hace falta mucho esfuerzo, pero también habría que plantearse que hay bastante esnobismo que, en su afán por incorporar las nuevas tecnologías, reflexiona más sobre cómo y dónde incorporar éstas que sobre los objetivos concretos de la enseñanza, con lo que su correcta incorporación, su invisibilización, es casi imposible ya como punto de partida. Si nos centramos en el caso el caso de las herramientas 2.0 las cosas se resumirían (quizás demasiado) diciendo que los estudiantes las tienen plenamente incorporadas a su cultura común y cotidiana; aquí es pues el profesor el que debe hacer el esfuerzo. Pienso que, retomando la vieja distinción del economista Schumpeter entre invención e innovación, los estudiantes ya han socializado la innovación, mientras que la mayor parte de los profesores están todavía descubriendo la invención.
¿Cual es la principal contribución de tu artículo?
En el artículo planteo la inteligibilidad del Open Course Ware dentro del marco general del movimiento Open. Tengo que decir que no soy el primero en plantear esto: en realidad, desarrollo un punto que ha sido apuntado hace poco en un libro del sociólogo Antonio Ariño sobre El movimiento Open. Sin embargo, se trata de un caso que, observado al microscopio, plantea interesantes paradojas (pienso que de muy difícil solución), que no se detectan con la misma facilidad al referirse al movimiento Open de manera global. Se parte de que nos encontramos ante un movimiento social, con sus diferencias internas pero con unos objetivos comunes, que se centran en este caso en la necesidad de difundir a la sociedad contenidos educativos en abierto (habría que apuntar que con ello la universidad lo único que hace es restituir su deuda con la sociedad que la financia y mantiene). Ahora bien, la observación demuestra, por ejemplo, que muchos profesores se suman a la iniciativa motivados principalmente por aportar méritos ante la ANECA: evidentemente, esto en principio no tendría que plantear ningún problema, porque las necesidades del profesorado son acumular papeles para acreditarse, pero la paradoja viene cuando ves que muchos profesores se limitan a aportar sus power point, reclaman su certificado y pasan por esto no sin ningún compromiso y con nulo interés por los postulados del movimiento Open (del que a veces ni siquiera han oído hablar). Además, se ponen de relieve otras paradojas, como la financiación al profesor que decide colgar sus materiales o, lo que es más interesante en el marco de la web 2.0 (y con el objetivo de la construcción de la Universidad 2.0), el hecho de las nulas posibilidades participativas que ofrece el modelo OCW al “alumno” virtual que se acerca a sus materiales.
¿Qué retos y oportunidades plantea el OCW en el contexto Universitario?
Las oportunidades me parecen muy claras: la universidad tiene el deber de contribuir al desarrollo del conocimiento social, es decir, tiene la obligación de difundir el saber al conjunto de la sociedad. La oportunidad de brindar contenidos educativos en abierto es pues el punto fuerte de OCW, el objetivo principal a desarrollar. En cuanto a los retos, considero que se debe cuidar más la calidad de los materiales que se ofrecen. Si cualquier ciudadano que quiera saber algo de una asignatura se acerca a un curso de OCW y no consigue material para hacerse una idea adecuada de los contenidos de ésta, algo falla. Frecuentemente, se están colgando materiales pensados exclusivamente para los alumnos presenciales del profesor, como un complemento a las clases. Resulta obvio que ese no es el objetivo inicial de OCW, ni es esa la filosofía del movimiento Open.
¿Que limitaciones has encontrado en el proceso de implantación del OCW y que soluciones se pueden aportar para mitigarlas?
Aparte del caso concreto de la Universitat de València, conozco algo de otras universidades, porque se hacen reuniones semestrales, y esto permite intercambiar experiencias. Por ejemplo, todas las universidades coinciden en señalar que la iniciativa es poco conocida. Habría pues que hacer un esfuerzo de difusión. El problema aquí es que aumenten los profesores que quieren colgar sus materiales con la mirada puesta exclusivamente en su curriculum, y no se vigile mejor la calidad de los materiales (en más de una ocasión he escuchado que éstos deberían ser revisados por pares). Algunas de las soluciones intentadas desde muchas universidades ha sido financiar (modestamente) al profesor, aunque pienso que ese es un tema problemático. Además, en el caso de la Universitat de València, nuestros cursos están reconocidos por la Agencia Nacional del ISBN, por lo que cada año académico equivale a un libro electrónico: el profesor que cuelga sus materiales se encuentra así con una publicación reconocida. Pero a su vez, esto plantea otras paradojas y nuevos problemas: por ejemplo, en tanto que es un capítulo de un libro, una asignatura debe ser estática, y hay profesores que se quejan de ello. Pienso que, aunque a corto plazo no tenga demasiada efectividad, el objetivo debería fijarse a largo plazo: la universidad debería apostar con firmeza por los objetivos del movimiento Open, intentando concienciar al profesorado, mediante políticas sostenidas, de la necesidad de construir un dominio público para el desarrollo de una cultura libre mediante la accesibilidad abierta.
BREVE CURRICULUM
Doctor en Sociología por la Universidad de Valencia. Fue becario de investigación predoctoral en el Departamento de Sociología y Antropología Social de dicha universidad, y trabajó en el Observatorio Social de la ciudad de Torrent (Valencia) durante cinco años, donde investigó las dificultades de la incorporación de las nuevas tecnologías en colegios caracterizados por su alto fracaso escolar. Después de dos años en el Programa TIC de la Universidad de Valencia, en la actualidad es técnico de innovación educativa en el Centre de Formació i Qualitat Manuel Sanchis Guarner de dicha universidad. Es miembro del consejo de redacción de @TIC: revista d’innovació educativa, y miembro de la oficina OCW de la Universidad de Valencia. Ha publicado dos libros y varios artículos relacionados con la sociología de la educación, la sociología de la religión y la sociología urbana. En la actualidad investiga los imaginarios sociales que se articulan en torno a las TIC, los discursos sobre la incorporación de las nuevas tecnologías a la enseñanza, y los vínculos entre las nuevas tecnologías y las pedagogías constructivistas.
Gracias a Pedro!
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¿Cómo te describirías en lo profesional?
En la actualidad trabajo como técnico de innovación educativa en la Universitat de València. En la misma universidad había trabajado antes en el Programa TIC, que estaba vinculado de manera explícita a un ámbito más restringido, como son las nuevas tecnologías aplicadas a la enseñanza universitaria; la verdad es que estoy más cómodo con mi actual posición, pues es evidente que se puede hacer innovación educativa sin incorporar nuevas tecnologías. Además, aunque resulte políticamente incorrecto, me gustaría decir que la innovación no tiene por qué ser siempre y de manera automática beneficiosa (como le dije una vez a un profesor de mi universidad, bajarlo a él de la tarima para poner a un cabo chusquero sería un innovación, pero una innovación equivocada, dicho sea con todo el respeto). En todo caso, es evidente que las nuevas tecnologías obligan a repensar la educación, pero sin perder de vista nunca que la reflexión debe hacerse desde las necesidades de ésta, no desde las posibilidades tecnológicas que oferta el mercado.
- ¿Cual debe ser la visión de la Universidad 2.0?
La propia denominación “Universidad 2.0” es sintomática del momento en que nos hallamos: el objetivo de la universidad debería ser aprovechar las posibilidades de las herramientas 2.0 hasta incorporarlas de tal manera que esta denominación pierda sentido. Me explico: ¿a qué no hablamos de “universidad del ordenador”, ni se habló nunca de “universidad del códice”? Esto es porque el ordenador, como el libro, fueron y son herramientas completamente socializadas, incorporadas de tal manera que su uso se da por supuesto, sin necesidad de reflexionar sobre él. Este es el objetivo que debería asumir la universidad (yo diría que la enseñanza en general): incorporar el uso de la tecnología de manera tan profunda que ésta se dé por supuesta, se haga invisible. Evidentemente, para ello hace falta mucho esfuerzo, pero también habría que plantearse que hay bastante esnobismo que, en su afán por incorporar las nuevas tecnologías, reflexiona más sobre cómo y dónde incorporar éstas que sobre los objetivos concretos de la enseñanza, con lo que su correcta incorporación, su invisibilización, es casi imposible ya como punto de partida. Si nos centramos en el caso el caso de las herramientas 2.0 las cosas se resumirían (quizás demasiado) diciendo que los estudiantes las tienen plenamente incorporadas a su cultura común y cotidiana; aquí es pues el profesor el que debe hacer el esfuerzo. Pienso que, retomando la vieja distinción del economista Schumpeter entre invención e innovación, los estudiantes ya han socializado la innovación, mientras que la mayor parte de los profesores están todavía descubriendo la invención.
- ¿Cual es la principal contribución de tu artículo?
En el artículo planteo la inteligibilidad del Open Course Ware dentro del marco general del movimiento Open. Tengo que decir que no soy el primero en plantear esto: en realidad, desarrollo un punto que ha sido apuntado hace poco en un libro del sociólogo Antonio Ariño sobre El movimiento Open. Sin embargo, se trata de un caso que, observado al microscopio, plantea interesantes paradojas (pienso que de muy difícil solución), que no se detectan con la misma facilidad al referirse al movimiento Open de manera global. Se parte de que nos encontramos ante un movimiento social, con sus diferencias internas pero con unos objetivos comunes, que se centran en este caso en la necesidad de difundir a la sociedad contenidos educativos en abierto (habría que apuntar que con ello la universidad lo único que hace es restituir su deuda con la sociedad que la financia y mantiene). Ahora bien, la observación demuestra, por ejemplo, que muchos profesores se suman a la iniciativa motivados principalmente por aportar méritos ante la ANECA: evidentemente, esto en principio no tendría que plantear ningún problema, porque las necesidades del profesorado son acumular papeles para acreditarse, pero la paradoja viene cuando ves que muchos profesores se limitan a aportar sus power point, reclaman su certificado y pasan por esto no sin ningún compromiso y con nulo interés por los postulados del movimiento Open (del que a veces ni siquiera han oído hablar). Además, se ponen de relieve otras paradojas, como la financiación al profesor que decide colgar sus materiales o, lo que es más interesante en el marco de la web 2.0 (y con el objetivo de la construcción de la Universidad 2.0), el hecho de las nulas posibilidades participativas que ofrece el modelo OCW al “alumno” virtual que se acerca a sus materiales.
- ¿Qué retos y oportunidades plantea el OCW en el contexto Universitario?
Las oportunidades me parecen muy claras: la universidad tiene el deber de contribuir al desarrollo del conocimiento social, es decir, tiene la obligación de difundir el saber al conjunto de la sociedad. La oportunidad de brindar contenidos educativos en abierto es pues el punto fuerte de OCW, el objetivo principal a desarrollar. En cuanto a los retos, considero que se debe cuidar más la calidad de los materiales que se ofrecen. Si cualquier ciudadano que quiera saber algo de una asignatura se acerca a un curso de OCW y no consigue material para hacerse una idea adecuada de los contenidos de ésta, algo falla. Frecuentemente, se están colgando materiales pensados exclusivamente para los alumnos presenciales del profesor, como un complemento a las clases. Resulta obvio que ese no es el objetivo inicial de OCW, ni es esa la filosofía del movimiento Open.
- ¿Que limitaciones has encontrado en el proceso de implantación del OCW y que soluciones se pueden aportar para mitigarlas?
Aparte del caso concreto de la Universitat de València, conozco algo de otras universidades, porque se hacen reuniones semestrales, y esto permite intercambiar experiencias. Por ejemplo, todas las universidades coinciden en señalar que la iniciativa es poco conocida. Habría pues que hacer un esfuerzo de difusión. El problema aquí es que aumenten los profesores que quieren colgar sus materiales con la mirada puesta exclusivamente en su curriculum, y no se vigile mejor la calidad de los materiales (en más de una ocasión he escuchado que éstos deberían ser revisados por pares). Algunas de las soluciones intentadas desde muchas universidades ha sido financiar (modestamente) al profesor, aunque pienso que ese es un tema problemático. Además, en el caso de la Universitat de València, nuestros cursos están reconocidos por la Agencia Nacional del ISBN, por lo que cada año académico equivale a un libro electrónico: el profesor que cuelga sus materiales se encuentra así con una publicación reconocida. Pero a su vez, esto plantea otras paradojas y nuevos problemas: por ejemplo, en tanto que es un capítulo de un libro, una asignatura debe ser estática, y hay profesores que se quejan de ello. Pienso que, aunque a corto plazo no tenga demasiada efectividad, el objetivo debería fijarse a largo plazo: la universidad debería apostar con firmeza por los objetivos del movimiento Open, intentando concienciar al profesorado, mediante políticas sostenidas, de la necesidad de construir un dominio público para el desarrollo de una cultura libre mediante la accesibilidad abierta.
BREVE CURRICULUM
Doctor en Sociología por la Universidad de Valencia. Fue becario de investigación predoctoral en el Departamento de Sociología y Antropología Social de dicha universidad, y trabajó en el Observatorio Social de la ciudad de Torrent (Valencia) durante cinco años, donde investigó las dificultades de la incorporación de las nuevas tecnologías en colegios caracterizados por su alto fracaso escolar. Después de dos años en el Programa TIC de la Universidad de Valencia, en la actualidad es técnico de innovación educativa en el Centre de Formació i Qualitat Manuel Sanchis Guarner de dicha universidad. Es miembro del consejo de redacción de @TIC: revista d’innovació educativa, y miembro de la oficina OCW de la Universidad de Valencia. Ha publicado dos libros y varios artículos relacionados con la sociología de la educación, la sociología de la religión y la sociología urbana. En la actualidad investiga los imaginarios sociales que se articulan en torno a las TIC, los discursos sobre la incorporación de las nuevas tecnologías a la enseñanza, y los vínculos entre las nuevas tecnologías y las pedagogías constructivistas.